Residencia para universitarios y familias

Salamanca, 2007

Lo verdaderamente innovador de este proyecto, y la ra­zón por la que seguimos buscando apoyos para su rea­lización, es que surge del deseo de un grupo de familias: madres y padres de avanzada edad que quieren vivir de forma permanente, junto a sus hijos en un entorno com­partido y digno, adaptado a las necesidades de todos sus miembros.

Estas viviendas en forma de ‘L’ responden a ese anhe­lo de compartir la vida cotidiana. Sobre este conjunto residencial propusimos ubicar una residencia de estu­diantes, vinculada a la universidad cercana. A cambio de un alquiler más asequible en comparación con otras opciones del entorno, los estudiantes se compromete­rían a saludar y convivir diariamente con las familias que residen en el nivel inferior. Además, si lo desean, podrían colaborar/ trabajar con el centro dedicando al­gunas horas semanales. Esta interacción entre genera­ciones propicia vínculos y crea una comunidad diversa, rica en afectos y aprendizajes mutuos.

En el diseño de todo el conjunto hacemos nuestros los aspectos más relevantes que señaló V. Reigner (2002) para la asistencia a la dependencia:

  • Las estructuras deben tener un aspecto y escala do­méstica.
  • Un entorno amigable, donde todos se conocen (entre 40 y 60 unidades).
  • La vivienda individual debe proteger la privacidad de quienes lo habitan.
  • Reconocer la singularidad de cada residente y aprove­charla en favor de la comunidad.
  • Fomentar la autonomía, la interdependencia y la indivi­dualidad.
  • Centrarse en el cuidado de la salud evitando la institu­cionalización.
  • Mantener el contacto con el vecindario y favorecer la interacción con el entorno y sus recursos.
Jóvenes que cuidan de mayores, como una pequeña ciudad de convivencia