Residencia y centro de día

ASPROSUB, MORALES DEL VINO, 1995

Un conjunto de volúmenes que trabajan con autonomía for­ma el edificio. Se trata de una residencia para 38 residentes y una zona de día para 75 personas, que incluye a aquellas que duermen en residencia y un número similar de externas.

Formalmente, la separación de usos se manifiesta por la orientación de las diferentes zonas; por un lado, el comedor, la sala de ocio y el centro de día, orientado al Sur abierto al jardín con acceso continuo a luz natural; por otro lado, la re­sidencia al Este y Oeste; mientras la zona de oficinas a modo de cuña se sitúa entre ambas, orientada al Norte, junto al ac­ceso desde la carretera.

Dado que el terreno tiene un desnivel aproximado de cuatro metros, se aprovecha el rellano de las rampas para situar el acceso del Centro de día, mientras que el acceso principal se encuentra en la zona de oficinas de planta baja, en el cora­zón del edificio, estableciendo una llegada clara y acogedo­ra. Por último, el garaje y acceso de mercancías se trasladan al nivel inferior. De esta forma se produce una gradación de usos y comunicaciones según los niveles, mejorando la ac­cesibilidad y reduce interferencias de flujos.

En cuanto a la imagen del edificio, la fachada del Centro de día es de piedra de Campaspero y la cubierta es una gran losa de hormigón en la que se dejó como acabado el propio tablero de encofrar sobre una corona de vidrio que respeta la inclinación de la rampa y la del propio terreno. Al sur vuela proporcionalmente a lo que se levanta. La fachada, techo y estructuras de las oficinas son totalmente de madera, bus­cando la calidez para padres y usuarios en el primer encuen­tro con el edificio, con alturas de tabiques de 2 metros, lo que permite ver enteramente su geometría.

Por último, el edificio de Residencia mantiene el orden rigu­roso de las habitaciones, acentuado con la modulación de la fábrica de ladrillo y la cubierta plana. El color en maderas exteriores enmarca las vistas en las pequeñas ventanas, per­mite diferenciar zonas, ayudando así a los residentes a reco­nocer espacios y a construir una relación más intuitiva con su entorno.

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Cuñas de madera para recibirte. Eliges el color con el que enmarcar el paisaje. Una barandilla serpiente