Centro ocupacional

ASPROSUB, MORALES DEL VINO, ZAMORA 2005

La asociación Asprosub nos llamó ocho años después de aquel primer proyecto de la Residencia. Entonces, el terreno era horizontal, había trigales por todas partes y una carretera de acceso. Enfrente, unos invernaderos regulares, exactos como sólo los que se proyecta desde la ingeniería, donde jóvenes con discapacidad cultivan flores para vender. La “joya de la corona” de su progra­ma de empleo.

Si el gesto respondía a la escala del paisaje y del vecin­dario, no cabían anécdotas. 10, 5, 10, 5, 10, 5, 10. Los cinco servían a los diez. Estructura pretensada, dos medidas. Cubierta plana, pero ventilada. El aluminio contagiando todo el proyecto, en lamas, chapas, chapas agujereadas, perfiles. Cada encuentro cuidado, pensado.

El proyecto aspiraba a mejorar los niveles de eficacia e intensidad de aquellos invernaderos, sin expresividad añadida, pero sí una sensibilidad hacia los ritmos y mo­dos de habitar de los usuarios. Al espinazo central, al “pasillo del bocadillo”, dan vitrinas que exponen el tra­bajo de cada taller y transparentan, al fondo, el paisaje, visibilizando la producción y fortaleciendo el vínculo con el exterior.

A norte y a los talleres, puertas de descarga, ventanas-marco a los campos de cereales y rejillas de ventila­ción. A sur, a los invernaderos y a la carretera, se sitúan los espacios de ocio, las aulas, los grandes cajones que protegen del sol directo, eran como portales persona­lizados por el color para facilitar la orientación a los usuarios y para sentarse en una silla de mimbre viendo la actividad desde su casa.

Premios y publicaciones

Terrazas de colores, espacios a la calle, como antaño se sentaban los vecinos mirando a la carretera que atravesaba su pueblo