Centro especial de empleo

ASPANIAS, QUINTANADUEÑAS, 1995

Hace unos años, los complejos donde vivían y trabajaban personas con discapacidad intelectual, se situaban a una dis­tancia prudente de los centros urbanos. Eran lugares donde se las atendía y concentraba, lejos de la mirada de la ciudad. La arquitectura de estos centros, como el que encontramos en las afueras de Burgos, parecía diseñada por un ingeniero militar, quizá algún expresidente de la asociación de padres, con naves de ladrillo a dos aguas, barracones impersonales y sin apenas cualidades espaciales.

La ampliación del Centro Especial de Empleo ofreció la opor­tunidad de replantear lo ya decidido y, con ello, mejorar no solo las condiciones funcionales, sino también la dignidad y la experiencia diaria de sus usuarios. Por lo que se reubicaría la entrada, las oficinas, los aseos y el comedor en la parte tra­sera, con la construcción de una nueva carretera de acceso, que permitió separar el tránsito de personas del de mercan­cías, siendo más seguro para todos.

La nave original de ladrillo, de doble crujía a dos aguas cada una, se amplió despiadadamente y sin sutilezas, adosándole un nuevo volumen sin pilares. Una cercha de 30 metros arma­ba el lucernario de la intersección y de ella colgaban cerchas triangulares. Atornillada a las mismas, una chapa grecada, lacada en azul, buscaba, en los días azules, confundirse con un cielo que vemos en el lado opuesto a través de vidrios sin carpintería, creando un espacio de trabajo acogedor. Sólo los fluorescentes estándares continuos, delatan la estructura escondida.

En las zonas de acceso, los espacios giran buscando el sur, re­pitiendo el sistema estructural de cerchas invertidas, reves­tidas esta vez a dos caras de pladur, como costillas de una ballena. Los distintos materiales empleados en cada pieza, y sus formas nítidas y reconocibles, querían ser un virus im­parable que contagiara la monotonía del resto del comple­jo preexistente y activar una transformación silenciosa: más amabilidad, más identidad, más estímulos para quienes lo habitan y lo recorren cada día.

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Una chapa grecada en azul buscaba, en los días azules, confundirse con el cielo. Juego de construcciones en el jardín